Cómo impermeabilizar una losa

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Por qué una losa necesita impermeabilizarse

El hormigón en sí mismo es un material bastante impermeable, pero una losa terminada no es un bloque uniforme y sin defectos: tiene juntas de hormigonado, fisuras de retracción que aparecen con el tiempo, y queda expuesta de forma directa al sol y a la lluvia durante años. Cualquiera de esos puntos —una fisura fina, una junta mal sellada, un remate contra un parapeto o un caño que atraviesa la losa— es una vía de entrada para el agua, aunque el resto de la superficie esté en buen estado. Si además la losa no quedó con la pendiente suficiente hacia los desagües, el agua de lluvia se acumula en vez de escurrir, y una superficie con agua estancada exige mucho más de cualquier impermeabilización que una que drena rápido.

Por eso una losa expuesta —sea azotea, techo transitable o no, o cualquier superficie horizontal de hormigón que recibe lluvia directa— necesita una capa de impermeabilización pensada para esa exposición, además del hormigón que ya tiene. Si todavía estás en la etapa de construir la losa, con el encofrado y el hierro por definir, conviene ver esa guía primero: acá se parte de una losa ya hormigonada y curada, y se trata sólo la impermeabilización posterior.

Pasos antes de aplicar cualquier producto

Ningún producto impermeabilizante rinde lo que promete si se aplica sobre una superficie que no está lista. Lo primero es respetar el curado completo del hormigón: una losa recién desencofrada todavía sigue ganando resistencia y liberando humedad interna, y aplicar una membrana antes de tiempo compromete la adherencia. Después viene la limpieza de la superficie, sacando polvo, restos de obra, partes flojas o cualquier resto de desencofrante que quede pegado al hormigón, porque cualquier producto que se aplique necesita apoyarse sobre una superficie firme y limpia para adherir bien.

El paso siguiente es revisar y sellar las fisuras visibles, porque una fisura que queda debajo de una membrana sigue siendo un punto débil que se puede volver a abrir con el movimiento térmico de la losa. Y por último, antes de comprar cualquier producto, conviene verificar que la pendiente hacia los desagües sea la correcta: si el agua no escurre y queda estancada en algún sector, ningún impermeabilizante —por bueno que sea— dura lo que debería en ese punto puntual, y ese problema de pendiente hay que corregirlo antes, no taparlo con más producto.

Qué producto conviene según la superficie

Con la losa lista, la elección del producto depende sobre todo de la geometría de la superficie. Para una losa grande y regular, sin muchos quiebres ni detalles, la membrana asfáltica en rollo —colocada con soplete o en versión autoadhesiva— cubre metros cuadrados grandes en poco tiempo y da buena resistencia a la exposición directa al sol y la lluvia. Cuando la losa tiene muchos quiebres, bajadas, encuentros con caños o remates contra parapetos, un rollo no entra cómodo en esos puntos, y ahí conviene la membrana líquida, que se aplica con rodillo o pincel y se adapta a geometrías complicadas —incluso como complemento de la membrana asfáltica en los remates puntuales que el rollo no cubre bien.

El hidrófugo, ya sea como aditivo de la mezcla o como pintura, trabaja distinto: complementa la impermeabilización pero no la reemplaza en una losa expuesta a agua acumulada, porque resuelve lo que pasa dentro de la mezcla y no la superficie que recibe la lluvia de forma directa. En una losa que va a quedar expuesta, lo que sostiene la estanqueidad frente al agua es la membrana —asfáltica o líquida según la superficie—, y el hidrófugo suma una capa adicional de protección, no la reemplaza.

Mantenimiento después de aplicada

Una impermeabilización de losa no es un trabajo que se hace una vez y se olvida para siempre: conviene revisarla cada cierto tiempo, sobre todo antes de que empiece la temporada de lluvias, para detectar a tiempo alguna zona que se haya despegado, una fisura nueva o un encuentro que empezó a filtrar. Revisar antes de la temporada de lluvias, y no durante o después de la primera filtración, es lo que evita que un problema chico en un remate termine afectando el cielorraso de abajo.

Contanos las medidas de la losa, si tiene quiebres o encuentros complicados, y si ya está hormigonada y curada, y te ayudamos a definir qué combinación de membrana asfáltica, membrana líquida e hidrófugo conviene para tu caso. Pedí tu cotización y coordinamos la entrega según tu obra.

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